Siete varoncitos violados y 80 años de cárcel para un Policía en Honduras

Con ropa civil salía en su motocicleta de color negro, los amenazaba con pistola para llevarlos a matorrales y bajo puentes.

El policía cazaba niños varones que anduvieran solos por las colonias de capital. Pero estos niños y sus familias tuvieron la valentía de denunciarlo. Ni su chapa ni su uniforme pudieron darle impunidad.

La justicia hondureña le ha dictado 80 años de prisión al Policía de Tránsito, Nelson Darío Espinoza, encontrado culpable del delito de violación especial en perjuicio de siete niños comprendidos entre los 9 y 15 años de edad.

El Policía Espinoza, de 33 años y con rango profesional Clase I, estaba asignado en la posta de la colonia Kennedy, en Tegucigalpa. Cometió sus crímenes contra los siete varoncitos, en diversas colonias del Distrito Central, entre noviembre del 2015 y marzo del 2016.

La Fiscalía Especial de la Niñez, acusó al policía Espinoza, por la violación especial de ocho niños, pero en el juicio, por falta de pruebas, el juez penal que condujo la causa le dictó sobreseimiento definitivo, por uno de los casos.



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Finalmente, el Policía Espinoza, ha sido condenado a 80 años de cárcel. El 14 de noviembre de 2017, la Sala II del Tribunal de Sentencias, le dictó 55 años de prisión por la violación especial de cinco niños y en abril de 2018, fue nuevamente sentenciado a 25 años más por la violación especial de otros dos varoncitos.

Los amenazaba con pistola para llevarlos a matorrales y bajo puentes

En sus ratos libres el Policía se vestía con ropa civil y salía en su motocicleta de color negro, de la marca Génesis, que recién había comprado. Su modus operandi era interceptar a los niños, amenazarlos con su pistola y obligarlos a ir a lugares solitarios donde los ultrajaba sexualmente.

El 9 de febrero de 2016, cuando el personal de psicología y de investigación del Proyecto Rescate, de la Asociación para una Sociedad más Justa (Rescate-ASJ), realizaba diligencias en el Módulo de Atención Integral Especializado (MAIE) del Ministerio Público para dilucidar otro caso, tuvo conocimiento que en las inmediaciones del campo de futbol, El Birichiche, cercano al Estadio Nacional de Tegucigalpa, un hombre había violado a un jovencito de 14 años.

Rescate-ASJ lleva más de una década apoyando a la policía en la investigación de crímenes sexuales contra niños y niñas con personal especializado en el tema violadores seriales.

Revisaron la denuncia y encontraron que en su declaración, el muchacho dijo que fue interceptado por un hombre de aproximados 30 o 35 años, de estatura mediana, trigueño y más o menos gordo, que se conducía en una motocicleta negra, de la marca Génesis, que su agresor lo amenazó con una pistola y lo llevó a un matorral donde abusó sexualmente de él.

“Me puso la pistola en la costillas y con la mano izquierda me apretó el cuello”, indica la declaración que este jovencito rindió ante las autoridades.

El muchacho es integrante de un equipo juvenil de futbol, que todas las tardes entrena en el campo El Birichiche. El joven se bajó del bus urbano en que se conducía y segundos más tarde lo interceptó el Policía Espinoza.

Al conocer el caso, Rescate-ASJ siguieron la ruta de un posible violador serial y le solicitaron a la Agencia Técnica de Investigación (ATIC) y a la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) el permiso para obtener información de las denuncias por violación que mantenían en sus archivos.

Para fortuna de las víctimas y del sistema de justicia, los investigadores de Rescate-ASJ encontraron tres denuncias por violaciones a niños varones, que describían características similares del agresor, por delitos cometidos en diferentes zonas del Distrito Central y en fechas distintas.  

Todas las denuncias coincidían en que el agresor había sido un hombre trigueño y de estatura media, que los amenazó con pistola, los llevó a lugares solitarios y que andaba una motocicleta una negra de la marca Génesis. Unos refirieron que les decía que era de la Mara 18 y que portaba una mochila color gris y tenis Nike con cintas fluorescentes.

De acuerdo con las investigaciones, el 8 de noviembre de 2015, el entonces policía Espinoza, detuvo a un niño de 7 años, vendedor de tortillas y tamalitos en uno de los puestos situados en la calle frente al Mall Plaza Miraflores. Lo amenazó con su pistola lo condujo a la parte baja del puente a desnivel, situado en las inmediaciones de la Plaza Cuba y allí abusó de él.

“Me agarró de la camisa y me llevó hasta un hoyo [bajo el puente]. Me dijo que me quitara la camisa y la calzoneta, yo estaba llorando y me puso la pistola en la cabeza y me dijo que era de la Mara 18”, sostuvo el infante en su declaración.

Otro de los casos, ocurrió a las 12 del mediodía, del jueves 19 de noviembre de 2015, contra un muchacho de 14 años, estudiante de segundo curso, que venía del colegio. La denuncia dice que el joven caminaba tranquilo por la mediana del bulevar Centroamérica y que fue sorprendido por un hombre que lo alcanzó, lo agarró de la nuca y le puso la pistola en la parte de atrás de su cabeza.

Después lo obligó a cruzar el bulevar y lo llevó a un callejón, atrás de la gasolinera Texaco donde cometió el delito. En su declaración el muchacho dijo que el agresor lo amenazó de muerte y que le manifestó que era de la Mara 18.

La otra denuncia que encontraron los investigadores se refiere al crimen contra dos jóvenes de 14 y 15 años, abusados sexualmente el 28 de enero de 2016.

A las tres de la tarde los muchachos caminaban por la calle y un hombre que conducía una moto marca Génesis, color negro, los alcanzó, les apuntó con una pistola y bajo amenaza los llevó a un solar baldío donde están construidas las paredes de una casa. Allí los violó a los dos.

Posteriormente la Fiscalía también acusó a Espinoza, por dos delitos de violación especial más. El primero, ejecutado el 1 de octubre de 2015 en perjuicio de un niño de 14 años y el otro, contra un varón de 15 años, el 3 de octubre de ese año.

Cámaras de seguridad lo delataron

Los relatos que encontraron los investigadores de Rescate-ASJ fueron la base de la coordinación de las acciones que prosiguieron con la ATIC y la DPI. Se organizaron en equipos y comenzaron a rastrear las zonas indicadas para identificar las cámaras de seguridad privadas y las del Sistema Nacional de Emergencias 911 que pudieron haber registrado los movimientos del agresor.

Para ese momento la investigación ya era dirigida a encontrar a un violador serial, pues todo indicaba que todos los crímenes habían sido ejecutados por una sola persona.

La pauta para dar con el paradero del agresor, la encontraron en el registro de una cámara de baja resolución, instalada en un negocio ubicado en la entrada principal de la colonia Los Laureles. El video se miraba borroso, pero les sirvió para trazar la ruta que el violador de niños había seguido. El video mostraba que el agresor se dirigía a la Residencial, Francisco Morazán, continua a la colonia Los Laureles.

Siguiendo la Ruta, revisaron las cámara del 911 de la colonia 21 de Febrero, después las de Comayagüela y del centro de Tegucigalpa, hasta llegar a la colonia El Reparto. Hasta ese momento, los investigadores no habían podido identificar el número de la placa de la motocicleta y allí lo perdieron.

Sin embargo, continuaron la búsqueda, y al rastrear su regreso, una cámara del 911 instalada en la Séptima avenida de Comayagüela, registró el momento en que el agresor cruzaba la calle y toma la ruta hacia el bulevar del Norte por el barrio Belén. Y es en este video donde se registra claramente la placa, MBB3044.

En su recorrido, las cámaras registraron que el Policía Espinoza, llegó al bulevar Fuerzas Armadas, en la colonia El Carrizal y que tomó la dirección de la colonia Altos del Paraíso.

Con el registro de la placa, los investigadores le solicitaron a la distribuidora de motocicletas, Motomundo, la información relacionada con el vehículo que buscaban. Y la agencia les proporcionó todas las características de la moto, los datos del propietario e incluso su número de identidad.

La identidad del propietario fue clave para ubicar su domicilio, llegaron donde él y platicaron del tema.

—No’ombe, de esa moto yo solo hice los tramites porque al muchacho no le daban crédito, es de un amigo, que ni la utiliza él.

—Y entonces ¿quién la anda?

—Mire, al que visto en ella es al cuñado de él, Darío se llama, Darío Espinoza.

— ¿Y dónde vive Darío?

—En la colonia Altos del Paraíso, pero allí la que pasa es la mujer, porque él es policía.

Deshecho el nudo, las investigaciones siguieron su curso. Y los investigadores ubicaron la casa del Policía, hicieron el patrón fotográfico y situaron el lugar donde estaba asignado. Las víctimas lo reconocieron plenamente y de inmediato la Fiscalía ordenó la detención preventiva.

Espinoza estaba asignado a la posta de la Dirección Nacional de Tránsito, situada en la colonia Kennedy de Tegucigalpa, y allí lo capturaron el 16 de marzo del 2016, agentes de la ATIC, coordinados por la Fiscalía de la Niñez, con el apoyo de Rescate-ASJ.

En la investigación, judicialización y condena, también fue importante el aporte que Rescate-ASJ les brindó a las víctimas y a sus familiares mediante el tratamiento psicológico que les ha permitido restablecerse en su salud mental.

En total, el Ministerio Público pudo probar que el ex policía Espinoza, oriundo del Distrito Central, abusó sexualmente de siete niños, delitos que le derivaron condenas individuales que sumadas lo mantendrán en la cárcel 80 años.

El 14 de noviembre de 2017 la Sala I del Tribunal de Sentencias por Unanimidad la dictó 55 años de prisión por violación especial de 6 niños, posteriormente le dictaron 15 años más y en abril de 2018 nuevamente lo sentenciaron a diez más. Espinoza guarda prisión en la Penitenciaría Nacional, Marco Aurelio Soto, en Támara Francisco Morazán.    

No es el único: hay 5 policías procesados por violación

Datos de la Comisión Especial para la Depuración y Transformación de la Policía Nacional, indican que de 185 policías procesados en los tribunales de justicia cinco (incluyendo a Espinoza) han sido procesados por cometer delitos de violación, violación espacial y actos de lujuria en perjuicio de mujeres, niños y niñas.

Por estos delitos están procesados los policías clase I, Nelson Darío Espinoza, Francis Omar Gonzales Gonzales y José Mauricio Corea López, todos acusados de violación especial y actos de lujuria agravados. Además fueron acusados por delitos sexuales, los policías de escala básica, Adelcy Joel Rodríguez Pérez y Marvin Johonny Lambert Garach, el primero por actos de lujuria y el segundo de estupro.