La violencia también se mide en libertades perdidas

En un barrio cualquiera de Honduras, el día empieza antes de que el sol termine de asomarse. Las luces se encienden una a una. A simple vista, parece una mañana normal. Pero detrás de cada puerta hay una preocupación compartida: salir de casa y regresar con bien.

Una joven revisa su cartera antes de salir. Una madre prepara mochilas escolares. Un hombre cuenta los billetes que llevará al trabajo.

El miedo dejó de ser una reacción. Para muchas personas se convirtió en una forma de vivir

No siempre se nota. No siempre se dice. Pero está ahí: en la cartera de María, en la rutina de doña Lorena y en la pulpería de don Carlos.

María revisa su bolso antes de salir Cartera cerrada Parada de bus Puerta de casa al regreso Caso I · María
Caso I

María y el teléfono que está dispuesta a entregar

María se levanta antes de las cinco de la mañana. La casa todavía está en silencio cuando comienza a prepararse para ir al trabajo. Se lava la cara, se cambia rápido y revisa que lleva lo necesario para el día.

Pero antes de pensar en el desayuno, antes de salir a buscar transporte, antes incluso de cerrar la puerta, hace algo que ya se volvió parte de su rutina: revisa su bolso.

Primero guarda un teléfono viejo, con la pantalla quebrada y sin información importante. Lo coloca en un compartimiento fácil de alcanzar. No es el celular que usa para comunicarse con su familia ni el que tiene sus aplicaciones personales. Es un aparato que conserva con un propósito específico: entregarlo si alguien la asalta.

Después busca el otro teléfono, el que realmente utiliza. Ese lo coloca más al fondo de la cartera, escondido entre otras pertenencias. Antes de salir, revisa que no quede visible.

El teléfono viejo no es un descuido. Es una estrategia.

María sabe que en la calle un celular puede llamar la atención, y llamar la atención puede convertirse en un riesgo.

Cuando sale de casa, camina con cuidado hasta la parada. No lleva audífonos. No revisa redes sociales. No saca el teléfono para ver la hora, aunque quiera hacerlo. Mientras espera el bus, observa a las personas alrededor. Si alguien se acerca demasiado, se mueve unos pasos. Si el bus va lleno, abraza la cartera contra el cuerpo.

María no siempre fue así. Hace algunos años fue víctima de un asalto. Desde entonces, salir de casa dejó de ser una acción automática. Ahora cada movimiento tiene una razón.

La cartera cerrada no es una manía, es una forma de protección. El miedo no le impide salir, pero sí le organiza el día.

Cuando llega al trabajo, respira con más tranquilidad. Pero sabe que todavía falta el regreso. Para ella, el día no termina cuando sale del trabajo. Termina cuando cruza la puerta de su casa y confirma que llegó bien.

Dato relacionado

La experiencia de María se conecta con una realidad más amplia: los delitos contra la propiedad siguen marcando la vida cotidiana de la población. El Observatorio Nacional de la Violencia de IUDPAS registró que en 2024 la Dirección Policial de Investigaciones recibió 63,387 denuncias por delitos contra la propiedad, equivalentes al 85.9 % del total de casos registrados por agentes de investigación. Esa cifra tuvo un aumento de 124.4 % en comparación con 2023.

0denuncias por delitos contra la propiedad en 2024
0% del total de casos registrados
0% de aumento frente a 2023
Mochilas escolares Camino a la escuela Portón escolar Teléfono en mano Caso II · Doña Lorena
Caso II

Doña Lorena y la angustia de dejar a sus hijos en la escuela

A pocas casas de María vive doña Lorena. Su día también empieza temprano, pero su primera preocupación no es ella, sino sus hijos.

Antes de las seis de la mañana ya está preparando el desayuno. Mientras calienta café y organiza las mochilas, revisa que los niños lleven los cuadernos, los lápices, el uniforme limpio y la merienda.

La escena parece la de cualquier madre en una mañana escolar. Pero en su mente hay una pregunta que se repite todos los días: ¿llegarán seguros?

Doña Lorena no se queda tranquila con verlos salir desde la puerta de la casa. No le basta con decirles que tengan cuidado.

Por eso los acompaña personalmente hasta el portón de la escuela. Camina con ellos. Mira hacia los lados la calle, observa quién pasa cerca y evita que se adelanten demasiado.

Cuando llegan al centro educativo, espera a que entren. No se va de inmediato. Se queda unos segundos viendo el portón, como si necesitara confirmar que sus hijos quedaron dentro de un lugar seguro.

La maternidad también se vive con alerta.

Solo entonces regresa a casa o continúa con sus pendientes. Pero la preocupación no desaparece. Durante la mañana revisa el teléfono varias veces. Si recibe una llamada desconocida, se asusta. Si la escuela manda un mensaje, lo abre de inmediato.

Cuando llega la hora de salida, vuelve por ellos. Aunque tenga otras cosas que hacer, prefiere reorganizar su día antes que permitir que regresen solos.

Ella no solo lleva a sus hijos a estudiar. Los acompaña para asegurarse de que vuelvan con vida, sanos y sin haber pasado por una situación que les marque la infancia.

Dato relacionado

La preocupación por la niñez y la adolescencia no surge de la nada. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente 1 de cada 5 niñas y 1 de cada 13 niños han sufrido abuso sexual durante su infancia. En Honduras, el IUDPAS explica que sus boletines nacionales integran información de Medicina Forense sobre lesiones, menores maltratados y delitos sexuales, además de datos de incidencia delictiva de la DPI.

1/5niñas han sufrido abuso sexual durante su infancia
1/13niños han sufrido abuso sexual durante su infancia
IUDPASintegra datos de Medicina Forense y de incidencia delictiva
Pulpería de barrio Llamada desconocida Cámara de seguridad Ventana de atención Caso III · Carlos
Caso III

Carlos y la pulpería que ya no se atiende igual

Carlos llevaba más de diez años atendiendo su pulpería en el barrio. Abría temprano, saludaba a sus vecinos y vendía lo básico: pan, huevos, arroz, refrescos y bolsas de agua.

Un día recibió una llamada de un número desconocido. La voz al otro lado le dijo que, si quería seguir trabajando, debía pagar una cuota semanal. Desde entonces, abrir la pulpería dejó de ser una rutina tranquila y se volvió una preocupación constante.

Carlos comenzó a guardar parte de sus ganancias para pagar la extorsión. Compraba menos producto, cerraba más temprano y decidió instalar cámaras de seguridad para vigilar quién se acercaba al negocio.

También redujo la atención directa y dejó solo un pequeño espacio en una ventana para entregar productos, evitando exponerse más de lo necesario.

Su pulpería seguía abierta, pero ya no era la misma. La extorsión no solo le quitó dinero; también le robó la tranquilidad con la que durante años se ganó la vida honradamente.

La extorsión no solo le quitó dinero; también le robó tranquilidad.
Dato relacionado

La inseguridad también golpea directamente la economía de los hogares. Según un estudio de ASJ citado por medios hondureños, la victimización por extorsión aumentó de 9 % en 2022, equivalente a 266,262 hogares afectados, a 11.6 % en 2024, equivalente a 304,388 hogares afectados.

Otros análisis sobre el mismo estudio advierten que el aumento de hogares afectados ocurrió aun durante el estado de excepción, y que el problema pasó de 266 mil hogares en 2022 a 304 mil en 2024.

9%hogares afectados en 2022
11.6%hogares afectados en 2024
0hogares afectados en 2024
Tres rutinas, una misma realidad

El miedo se volvió parte de la rutina

María, doña Lorena y don Carlos no viven exactamente la misma historia, pero comparten el mismo barrio y la misma sensación: el miedo se volvió parte de la rutina.

Ninguno de ellos se considera exagerado. Para ellos, esas medidas son parte de la vida diaria. Son formas de adaptarse a un entorno donde muchas personas sienten que deben protegerse antes de que algo ocurra.

Lo más duro es que estas acciones ya no sorprenden. En muchas comunidades, llevar dos celulares, esconder el dinero, evitar rutas, no salir de noche o compartir ubicación se ha vuelto tan común como llevar llaves o cerrar la puerta con seguro.

María

Teléfono de sacrificio

No sale sin revisar cuál teléfono entregaría en caso de asalto.

Doña Lorena

Camino escolar vigilado

No deja que sus hijos caminen solos hasta la escuela.

Don Carlos

Pulpería protegida

Atiende detrás de una ventana, con cámaras y horarios recortados.

La violencia también se mide en libertades perdidas

Menos homicidios no significa vivir sin miedo

Honduras ha registrado reducciones en homicidios en los últimos años, pero eso no significa que la población viva sin miedo.

La reducción de homicidios no borra otras formas de violencia que siguen afectando la vida diaria: robos, extorsión, violencia contra mujeres, delitos sexuales, amenazas y miedo a denunciar.

Esa sensación de vulnerabilidad también aparece en mediciones internacionales. El Índice Global de Paz 2025 evalúa a 163 países y territorios y muestra un deterioro general de la paz a nivel mundial. En ese contexto, Honduras continúa siendo percibido como un país con altos desafíos de seguridad.

La violencia también se mide en las libertades que se pierden.

Homicidios en 2024

0

El IUDPAS reportó 2,690 homicidios en 2024, una reducción del 20 % en comparación con 2023.

2023
2024

Tasa proyectada 2025

21

La Secretaría de Seguridad proyectó para el cierre de 2025 una tasa de 21 homicidios por cada 100,000 habitantes.

Violencia contra mujeres

0

De enero a octubre de 2025 se registraron 225 muertes violentas de mujeres y femicidios en Honduras.

Cada 32 horas con 19 minutos

32h 19m

Ese fue el promedio con el que una mujer murió de manera homicida durante ese periodo.

El miedo de las mujeres

La inseguridad también modifica la rutina

Aunque las historias de María, doña Lorena y don Carlos muestran distintas formas de autoprotección, la inseguridad golpea de manera particular a las mujeres.

Muchas cambian su forma de vestir según el lugar al que van. Evitan caminar solas de noche, procuran no pasar por calles solas, comparten ubicación con familiares o amigas y se mantienen atentas en el transporte público. No siempre lo dicen en voz alta, pero muchas organizan su día pensando en cómo evitar el acoso, la violencia sexual o una agresión.

Estos datos explican por qué muchas mujeres no viven la calle como un espacio libre, sino como un lugar donde deben medir cada paso, cada hora y cada decisión.

Metodología

26 tácticas para intentar volver con bien

Se consultó a 50 personas sobre las medidas que aplican en su vida diaria para intentar evitar ser víctimas de la inseguridad. A partir de sus respuestas, se identificaron 26 acciones que fueron las más repetidas. Estas no son las únicas medidas existentes; pueden variar según la zona, la experiencia personal y el nivel de riesgo percibido.

El mapa de una salida con miedo

Marca las tácticas que reconoces. Cada selección activa una parte del recorrido y muestra cómo la inseguridad entra en la vida diaria.

0/26 tácticas marcadas
0/7 zonas activadas
¿Dónde empieza el miedo? Marca tácticas. Tu recorrido se irá encendiendo.
🚶
🏠
Antes0
🚶
Caminar0
🚌
Moverse0
👨‍👩‍👧
Familia0
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Trabajo0
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Renuncias0
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Regreso0

🏠 Lo que haces antes de salir

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🚶 Lo que haces al caminar

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🚌 Lo que haces para moverte

0 marcadas

👨‍👩‍👧 Lo que haces por tus hijos o familia

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🧾 Lo que haces por trabajo o negocio

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🌙 Lo que dejas de hacer por miedo

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🚪 Lo que haces para volver con bien

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Una vida condicionada por el temor

La inseguridad deja consecuencias difíciles de medir

Más allá de las cifras, la inseguridad afecta la tranquilidad de las familias, limita la convivencia en los espacios públicos y modifica la forma en que las personas se relacionan entre sí.

María no disfruta el trayecto al trabajo; lo enfrenta. Doña Lorena no vive la escuela solo como un lugar de aprendizaje; también la piensa desde la protección. Don Carlos no ve el dinero únicamente como una herramienta para comprar; también lo ve como algo que debe esconder para sobrevivir.

La violencia no solo se expresa en homicidios o denuncias. También se nota en las libertades que poco a poco se pierden: la libertad de caminar sin miedo, de usar el transporte público con tranquilidad, de llevar un teléfono sin ocultarlo, de dejar que los hijos vayan solos a la escuela, de vestir como se desea o de regresar tarde sin sentir angustia.

Salen con un plan

Un plan para evitar llamar la atención, para no perderlo todo, para proteger a sus hijos, para avisar dónde están y para regresar cuanto antes.

El país puede mostrar reducciones en algunos indicadores de violencia, pero mientras la población siga cargando teléfonos de sacrificio, escondiendo dinero en los calcetines y acompañando a sus hijos por miedo a lo que pueda pasar en el camino, la inseguridad seguirá presente en la vida cotidiana.

Porque en un país que aprendió a vivir con miedo, sobrevivir también se volvió parte de la rutina.

Redacción: Amelia Maldonado

Edición: Jessica Pavon

Ilustraciones: Carmen Majia

Webmaster: Jorge Coello