{"id":683,"date":"2013-07-15T06:00:00","date_gmt":"2013-07-15T06:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistazo.com\/content\/?p=683"},"modified":"2020-12-06T05:31:54","modified_gmt":"2020-12-06T05:31:54","slug":"bodas-de-sangre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistazo.com\/content\/bodas-de-sangre\/","title":{"rendered":"Bodas de sangre"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>*<\/strong>Por motivos de seguridad, los nombres que aparecen en esta cr\u00f3nica han sido modificados.<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Violento, mal encarado y desafiante. As\u00ed era \u2018El Loco\u2019, un pandillero que caminaba por la colonia con una pistola bajo la camisa y con aires de grandeza. Todos conoc\u00edan al tipo que extorsionaba a los comerciantes de la zona. Negocios cerrados por no asumir los pagos reclamados. Vendedores que por pagar 15.000 lps. huyeron por miedo. Daisy, modesta vendedora de tortillas supo lo que era una notificaci\u00f3n escrita solicitando el \u2018impuesto de guerra\u2019. Sandra su hermana, ama de casa y madre de familia, experiment\u00f3 ser el punto de mira de las amenazas de muerte de este individuo. Todos sab\u00edan de su reputaci\u00f3n y le tem\u00edan. Eso le hac\u00eda poderoso. Hasta que un d\u00eda, \u2018El Loco\u2019 apareci\u00f3 ejecutado en una cuneta, con las manos atadas a la espalda y un tiro en la nuca. Su madre, Julita, jur\u00f3 venganza y carg\u00f3 contra aquellos a quien culpaba de la muerte de su \u2018angelito\u2019.<\/p>\n<p>F\u00e1tima acaba de cumplir 11 a\u00f1os. Piel trigue\u00f1a y&nbsp; pelo recogido en una largo coleta. Sempiterna sonrisa en los labios. Ojos rasgados. Hace un mes su madre muri\u00f3 en sus brazos. Tres sicarios le descerrajaron seis tiros. La ni\u00f1a nunca podr\u00e1 olvidar aquella noche. Sentada en una silla. Guarda silencio.<\/p>\n<p>Una noche, un mes atr\u00e1s, dorm\u00edan cuando unos hombres irrumpieron en su patio forzando la puerta. El ruido despert\u00f3 a su madre que sobresaltada sale para ver qu\u00e9 es lo que sucede. Uno de los hombres la amenaza de muerte pistola en mano. F\u00e1tima se acerca a su madre. \u201c\u00bfQu\u00e9 ocurre?\u201d, pregunta la ni\u00f1a. \u201cVete y esc\u00f3ndete con tu hermano\u201d. Sandra grita pidiendo ayuda desesperadamente. Don Filiberto, su suegro, permanece en la habitaci\u00f3n contigua pero no acudir\u00e1 a sus llamadas de socorro. Le tiemblan las manos. Trata de incorporarse para tomar el machete que descansa apoyado en la pared pero el miedo le atenaza y cae sobre la cama. All\u00ed permanece sumido en la verg\u00fcenza y en la impotencia. Se cubre el rostro con las manos. Tratando de no escuchar lo que est\u00e1 a punto de ocurrir.<\/p>\n<p>\u00a1PUM! \u00a1PUM! Dos disparos. Dos fogonazos en la noche. Dos golpes secos que hacen blanco en Sandra. Los sicarios se mueven alrededor de la mujer que permanece tendida en el piso. \u201c\u00a1No la mates, por favor, no la mates!\u201d, suplica F\u00e1tima tratando de abalanzarse sobre el hombre para arrebatarle la pistola. \u00a1PUM! \u00a1PUM! \u00a1PUM! \u00a1PUM! Cuatro balazos m\u00e1s. La peque\u00f1a corre junto al cuerpo malherido de su madre. La sangre mana por su boca. La ni\u00f1a mira a los sicarios. El que portaba la pistola sonr\u00ede mal\u00e9volamente antes de huir. La peque\u00f1a logra reconocer a uno de ellos. \u201cEs un marero. El otro no lo hab\u00eda visto nunca, pero llevaba un \u00e1guila tatuada en el pecho. Y junto a ellos iba una mujer\u201d, hace memoria.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfSabe? A\u00fan sue\u00f1o con ella todas las noches. La imagino viva. Hablo con ella\u201d, afirma el marido que en el momento del asesinato se encontraba trabajando fuera de Tegucigalpa. Sus hijos le culpan por haber dejado sola a su madre. \u201c\u00bfQu\u00e9 hubiese podido hacer yo? Me hubiesen matado. Ahora estar\u00edamos los dos muertos y mis hijos ser\u00edan hu\u00e9rfanos de padre y madre\u201d, sentencia este obrero de la construcci\u00f3n que tuvo que limpiar del suelo, con sus propias manos, la sangre de la mujer a la que am\u00f3 durante 13 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Ha pasado casi un mes desde que Sandra fuese acribillada en su propia casa. Wilfredo no habla con sus hijos de lo que ocurri\u00f3.&nbsp; \u201cEllos estaban delante. Miraron la escena. Fueron testigos. No quiero ni imaginar lo que ha supuesto para ellos\u201d, comenta. \u00c9l no puede dejar de pensar en lo que ocurri\u00f3. Trata de buscar los motivos por los que la madre de sus hijos no puede volver a abrazar a sus peque\u00f1os. Busca culpables y en su mente siempre un nombre: Julita.<\/p>\n<p>\u201cJulita nos dijo que no \u00edbamos a disfrutar de nuestra boda\u201d, afirma Wilfredo. \u201cY fue cierto\u201d, se lamenta recordando que su esposa fue asesinada cuatro d\u00edas despu\u00e9s de darle el \u2018S\u00ed quiero\u2019. Julita jur\u00f3 que no descansar\u00eda hasta que viera muerta a Sandra y finalmente sus amenazas se cumplieron. \u201cFue una venganza. Su hija vive con los pandilleros. Les pidi\u00f3 el favor de acabar con ella y como ellos se dedican a eso no les tembl\u00f3 el pulso a la hora de matarla\u201d, comenta.<\/p>\n<p>El hombre mira una de las pocas fotograf\u00edas que pudo sacar de la casa antes de huir con sus hijos a casa de un hermano al noreste del pa\u00eds. S\u00f3lo ha vuelto una vez desde el asesinato para recoger enseres. \u201cEstoy asustado por si me sucede algo a m\u00ed\u201d, se sincera.&nbsp; Se arrepiente de no haber sacado a su familia de la colonia antes de que ocurriera la desgracia. Su mujer ten\u00eda miedo. \u201cUna noche Sandra me llam\u00f3 llorando. Estaba aterrada porque Julita la dijo que lanzar\u00eda una granada contra nuestra casa para matarnos a todos\u201d. Wilfredo recuerda las amenazas y su intento por restarles importancia. \u201cOcho d\u00edas antes de que la mataran un vecino le advirti\u00f3 de que tuviese cuidado porque pod\u00eda pasar algo\u201d, recuerda el viudo llev\u00e1ndose la mano a la cabeza para limpiarse el sudor.<\/p>\n<p>F\u00e1tima, en su asiento, balancea los pies adelante y atr\u00e1s. \u201cEstoy feliz porque mi madre est\u00e1 junto a Jes\u00fas, vi como la abrazaba y la recog\u00eda junto a \u00e9l\u201d, afirma. Su hermano peque\u00f1o, Samuel, permanece en silencio. El ni\u00f1o no gesticula. No habla. Est\u00e1 ausente. \u201cPor las noches se despierta llorando y llamando a su madre. Quiere que venga su madre, yo s\u00f3lo puedo abrazarle y calmarlo dici\u00e9ndole que su madre ahora est\u00e1 con Dios\u201d, se sincera el padre. \u201cSamuel, desde que falta su madre, est\u00e1 triste. Ha perdido la alegr\u00eda. No es el mismo\u201d. \u201cSu madre era todo para ellos. Los ba\u00f1aba. Los llevaba al colegio. Estaba dedicada en cuerpo y alma a ellos\u201d.<\/p>\n<p>Esto es una noche cualquiera de una colonia cualquiera en Honduras. En el pa\u00eds m\u00e1s violento del mundo, la media de homicidios diarios supera los 19. Nadie sabe a qui\u00e9n le puede tocar. Cuando cae la noche s\u00f3lo queda cerrar los pestillos y rezar para que los sicarios no se detengan delante de tu puerta. Todos saben que es con la luna cuando los bebedores de sangre salen de caza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>*Por motivos de seguridad, los nombres que aparecen en esta cr\u00f3nica han sido modificados.<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[32],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistazo.com\/content\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/683"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistazo.com\/content\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistazo.com\/content\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistazo.com\/content\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistazo.com\/content\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=683"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistazo.com\/content\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/683\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5055,"href":"https:\/\/revistazo.com\/content\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/683\/revisions\/5055"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistazo.com\/content\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=683"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistazo.com\/content\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=683"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistazo.com\/content\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=683"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}