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EL NUEVO CONGRESO Y LA RESPONSABILIDAD DE ESCUCHAR Y REPRESENTAR A LA POBLACIÓN

por Keiry Andino
20 de enero de 2026
EL NUEVO CONGRESO Y LA RESPONSABILIDAD DE ESCUCHAR Y REPRESENTAR A LA POBLACIÓN

El 21 de enero, las puertas del Congreso Nacional volverán a abrirse para una nueva legislatura. Pero esta vez, el parlamento no se llenará solo de nombres conocidos ni de rostros habituales de la política. El Congreso que inicia será, en muchos sentidos, un reflejo más cercano del país que hoy es Honduras: diverso, fragmentado, joven en algunas de sus voces y marcado por una ciudadanía que observa con expectativa e incertidumbre a la vez.

Serán 128 diputados propietarios los que ocuparán los curules, distribuidos entre 49 de Partido Nacional, 41 del Partido Liberal, 35 de Libertad y Refundación (Libre), dos del Partido Innovación y Unidad Social Demócrata (PINU/SD) y uno de Democracia Cristiana. Ningún partido político tendrá control total de Congreso, cada decisión importante requerirá dialogo, acuerdos y -sobre todo- voluntad política.

De los 128, alrededor de 59 diputados lograron reelegirse. Delegados que ya conocen los pasillos del Congreso, las rutinas de las comisiones y de las negociaciones políticas. Algunos acumulan varios períodos consecutivos y representan una continuidad que -para bien o para mal- influirá en la forma en que se toman las decisiones. Su permanencia representa continuidad, pero también arrastra el desgaste de un Legislativo que en el período 2022-2026 fue cuestionado por amplios sectores de la ciudadanía.

El caso del presidente del Congreso saliente, Luis Redondo, es ilustrativo. Su gestión se definió por polémicas, confrontaciones y decisiones que, lejos de generar consensos, profundizaron la desconfianza ciudadana hacia el Poder Legislativo. Para muchos, el costo político de ese período quedó reflejado en el voto castigo y en la exigencia de un Congreso que funcione con mayor apertura, transparencia y respeto institucional.

Por otro lado, 69 diputados estarán por primera vez en un curul. Muchos de ellos vienen de los territorios, de luchas locales, de espacios profesionales o sociales alejados de la política tradicional. Su llegada abre la posibilidad de nuevas miradas, pero también pone a prueba la capacidad del Congreso para renovarse desde adentro.

La política empieza a verse más joven

La nueva legislatura también trae consigo un cambio silencioso pero significativo: la edad de algunos de sus integrantes. Aunque la mayoría de los diputados se concentra en rangos intermedios, hay una presencia juvenil que rompe con la imagen histórica de un Congreso dominado por figuras de mayor edad.

El diputado más joven es Sebastián Romero, de 24 años, suplente por parte del Partido Nacional en Francisco Morazán. Su perfil está estrechamente ligado a la comunicación digital y a las nuevas formas de participación política, con fuerte presencia en redes sociales y plataformas digitales.

A este relevo se suma la diputada propietaria más joven, Jeniffer Alexandra Díaz Ponce, de 25 años, electa en Yoro por el partido Libre. Su llegada simboliza a una generación que creció entre crisis políticas, demandas de cambio y un acceso constante a la información.

Estos jóvenes representan a una generación que durante años se sintió lejos de la política y que ahora comienza a verse reflejada en los espacios de decisión.

Por su parte, algunas de las nuevas adiciones del Legislativo responden a una estrategia política cada vez más visible y es el uso intensivo de plataformas digitales en las campañas políticas. Godofredo Fajardo, por el Partido Democracia Cristiana, se convirtió en uno de los ejemplos más comentados de esta tendencia. Su constante presencia en redes sociales, con mensajes directos y contenidos diseñados para audiencia joven, logró movilizar votantes que tradicionalmente se mantenían al margen de los procesos electorales. Su caso refleja cómo la política se está adaptando a nuevas formas de comunicación y cómo el voto joven tiene mucho peso.

En ese sentido, otro rasgo que distingue al nuevo Congreso 2026-2030 es la presencia de diputados con trayectoria en periodismo y medios de comunicación. No se trata solo de figuras con alta exposición pública, sino de personas cuyo trabajo previo estuvo ligado a informar, comunicar y generar opinión.

En este grupo destacan: Saraí Espinal, periodista y presentadora de televisión electa por el Partido Liberal, y Arnold Burgos, periodista y reportero electo por el Partido Nacional. Ambos representantes de Francisco Morazán.

Su llegada introduce una dinámica distinta al debate legislativo. Estos perfiles conocen el impacto de la palabra pública, la importancia de la transparencia y el peso de la opinión ciudadana. Al mismo tiempo, enfrentan el reto de separar la labor comunicacional del ejercicio legislativo, en un contexto donde cada decisión se discute y se amplifica en tiempo real.

Por otra parte, la fragmentación política, la diversidad de edades y la mezcla de trayectorias profesionales hacen a este uno de los Congresos más diverso de los últimos años. En el Hemiciclo convivirán abogados, docentes, activistas, líderes comunitarios, periodistas, doctoras, agricultores, exfutbolista, etc., cada uno con su propia visión del país y de cómo transformarlo.

Esta diversidad puede ser una fortaleza o un obstáculo, todo dependerá de si el diálogo logra imponerse sobre la confrontación y si la pluralidad se convierte en acuerdos que respondan a los problemas reales de la población hondureña.

Lo que la gente espera, más allá de discursos

Fuera del Congreso, la ciudadanía observa con atención. En un contexto de desconfianza hacia las instituciones, este nuevo Legislativo tiene la oportunidad de reconstruir puentes. La presencia de jóvenes, de nuevos rostros y de perfiles no tradicionales genera expectativa, pero también exige resultados.

El cierre del período 2022-2026 dejó una lección clara; las promesas de transformación, transparencia y cercanía con la gente no siempre se tradujeron en hechos. El desencanto ciudadano frente al Congreso Nacional anterior marca el punto de partida del nuevo Legislativo. Hoy, la expectativa no está en los discursos, sino en la capacidad real de legislar con responsabilidad, escuchar al pueblo y responder a problemas concretos como la corrupción, desempleo y desigualdad.

El Congreso que inicia en 2026 no solo será evaluado por las leyes que apruebe, sino por su capacidad de escuchar, dialogar y representar. En sus manos está demostrar que la política puede renovarse sin perder institucionalidad y que la diversidad puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la democracia hondureña.

Tags: 2026Congreso Nacional
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