Honduras es el país con la tasa de homicidios más alta de Centroamérica y se mantiene por encima del promedio regional, lo que evidencia que la violencia sigue siendo un problema estructural en el país.
En 2025 según la Policía Nacional, se registraron 2,298 muertes violentas, representando una disminución del 11.5% en comparación con 2024 y la tasa más baja en los últimos 21 años.
Esta cifra equivale a una tasa aproximada de 23 homicidios por cada 100 mil habitantes. A pesar de la reducción, Honduras continúa siendo el país con la tasa de homicidios más alta de Centroamérica y se mantiene por encima del promedio regional, lo que evidencia que la violencia sigue siendo un problema estructural.
De acuerdo con registros de la Secretaría de Seguridad, en el país operan actualmente 63 estructuras criminales, concentradas en 12 de los 18 departamentos. Francisco Morazán, Cortés y Choluteca presentan la mayor presencia de estos grupos, mientras que Intibucá, Gracias a Dios, Islas de la Bahía, Santa Bárbara, Ocotepeque y La Paz no reportan actividad criminal organizada hasta la fecha.


De igual forma, el 72% de estas estructuras se dedica al narcomenudeo con mayor incidencia en Choluteca, El Paraíso y Comayagua. El 28% restante se enfoca principalmente en la extorsión, un delito que afecta de forma directa a comerciantes, transportistas y emprendedores especialmente en Francisco Morazán.
Entre 2020 y 2025 la Policía Nacional reportó la captura de más de 7,000 hondureños vinculados a organizaciones criminales, en su mayoría relacionadas con la MS-13 y la Pandilla 18, como parte de los operativos de seguridad implementados en los últimos años.
Aunque los homicidios muestran una tendencia baja, la extorsión continúa siendo uno de los delitos más denunciados. Según datos oficiales, entre noviembre de 2022 y junio de 2025, en el marco del estado de excepción, se registraron 1,959 denuncias por extorsión, con 811 personas detenidas, 299 requerimientos fiscales y 294 sentencias condenatorios, además de 17 sentencias absolutorias.
No obstante, autoridades y organizaciones civiles reconocen que el subregistro sigue siendo alto. Según encuesta realizada por la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ) la tasa de victimización por extorsión alcanza el 10.6%, representando a 278,148 personas afectadas a nivel nacional.
Asimismo, durante 2025 también se registraron 32 masacres que dejaron un saldo de 109 personas fallecidas, entre ellas 17 mujeres, según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (OV-UNAH). Los departamentos con mayor número de estos hechos fueron Francisco Morazán, Yoro, Olancho, Colón y Copán; en San Pedro Sula se reportaron dos masacres en sectores como la Rivera Hernández y La Satélite.
En cuanto a la distribución geográfica de los homicidios, Tegucigalpa y San Pedro Sula continúan siendo las ciudades más afectadas. Sin embargo, la capital ha superado en cifras a San Pedro Sula y Choluteca.
La deuda pendiente con la seguridad de las mujeres
Otro de los indicadores que mantiene preocupación es la violencia contra las mujeres. En 2025 se reportaron más de 270 muertes violentas de mujeres (OV-UNAH), mientras que otros registros contabilizan más de 280 casos. Francisco Morazán reportó 48 femicidios, seguido de Cortés con 40 casos. A esta situación se suma la violencia doméstica; solo en el departamento de Cortés, hasta el 30 de noviembre de 2025 el sistema de emergencia 911 registró 8,482 denuncias, siendo el departamento con mayor número de reportes.
La tendencia mensual de femicidios muestra que la violencia se mantuvo constante a lo largo del año, con mayor frecuencia en los de meses mayo, septiembre y octubre, evidenciando que este problema no ha disminuido.
Finalmente, la estadística refleja una reducción en los homicidios, pero también deja claro que la violencia en Honduras no ha desaparecido. La extorsión, las masacres y la violencia contra las mujeres siguen afectando la vida cotidiana de miles de hondureños. El desafío no se limita a mantener una baja en las cifras, sino a lograr que esos números se traduzcan en seguridad real, confianza y tranquilidad para los hondureños.




